El mar, la energía que no cesa

Proyecto Wave Dragon.
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Los proyectos de aprovechamiento de mares y océanos más innovadores comienzan a pasar del boceto a la realidad

Álvaro Lavín

Ocupa el 71% de la superficie terrestre, es ochocientas veces más densa que el aire y además no para de fluir. El agua, sobre todo por su movimiento, pero también por sus cambios de temperatura y salinidad, se ha convertido en una atractiva fuente de energía renovable. Puede que en breve incluyamos en nuestro vocabulario expresiones como undimotriz o plantación submarina para referirnos a nuevos aprovechamientos del líquido elemento. Una amplia familia de métodos de obtención de la energía que conforman técnicas ya testadas en los años sesenta y otras que apenas tenían visos de realizarse más allá de los sueños de los ingenieros.

Afinales de noviembre de 1966, en el estuario del río Rance, veinte kilómetros cuadrados de pequeñas bahías entre las ciudades bretonas de Dinard y Saint-Malo, el general De Gaulle declaraba solemne: “Este proyecto hará de Bretaña una de las regiones principales de la expansión francesa”. El presidente de la República ha decidido construir una gran presa que usa por primera vez la energía surgida del desnivel entre mareas. Es consciente de que Estados Unidos lleva mucha ventaja en la carrera energética, demasiada para la grandeur que él enarbola, y se ha decidido a apoyar la primera central mareomotriz de la Tierra, una revolución tecnológica a la altura de sus grandes proyectos para Francia.

Las boyas del proyecto estadounidense CETO aprovechan las corrientes submarinas. / CARNEGIE WAVE ENERGY LIMITED
Boya sumergida del proyecto CETO, que, junto a otras y formando “plantaciones”, aprovecha la energía submarina. / CARNEGIE WAVE ENERGY LIMITEDEl movimiento de las boyas del proyecto CETO activa una bomba que impulsa a presión el agua del mar a través de una tubería hasta llegar a la turbina, donde se genera electricidad, y a una planta desalinizadora. / CARNEGIE WAVE ENERGY LIMITED Boya sumergida del proyecto CETO, que, junto a otras y formando “plantaciones”, aprovecha la energía submarina. / CARNEGIE WAVE ENERGY LIMITED

Boyas del proyecto estadounidense CETO. / CARNEGIE Ampliar imágenes

Hoy, esta central, que cuenta con 24 turbinas, sigue siendo la de mayor potencia del mundo, con sus 240 megavatios (MW). Para lograrlo, aprovecha el desnivel entre la marea alta y la baja. Llena su depósito de agua con la marea alta y, cuando llega la bajamar, libera hasta 20.000 metros cúbicos por segundo a través de unos conductos estrechos, para aumentar así la presión y mover con más fuerza unas turbinas que, además, funcionan como bombas y aumentan el caudal que entra en el depósito. En apariencia, un principio físico sencillo, pero que precisa de un desnivel mínimo de cinco metros. En La Rance, es de trece. Por esta exigencia, solo existe un número limitado de lugares en todo el mundo en que las condiciones de la marea sean las adecuadas para su explotación energética.

En el otro extremo está el ingenio de aprovechamiento de la fuerza del mar instalado en 1985 cerca de Bergen (Noruega), y que precisa de un diferencial de mareas de menos de un metro. El Tapchan plantea una especie de doma de las olas que llegan a la costa, encauzándolas en un canal cada vez más estrecho que incrementa la altura de estas y las fuerza así a desbordarlo y a llenar un depósito que, una vez desaguado a través de una turbina, produce energía de manera similar a una planta hidroeléctrica.

La energía mareomotriz no contamina, no consume materias primas, no entiende de estaciones del año y es renovable. Pero, sin embargo, afecta al paisaje costero, puede influir en su flora y fauna (entre otros, por el efecto de aterramiento de los estuarios) y, sobre todo, entraña grandes costes de instalación y mantenimiento. Este es el motivo de que otros grandes proyectos no hayan visto la luz. Es el caso de los de la bahía de Fundy (Canadá), el estuario del río Severn (Reino Unido) o, también en Francia, el del monte Saint Michel (quince metros de desnivel entre mareas), y es que, en este último caso, en el entorno de una de las postales más famosas de Francia ni siquiera los aerogeneradores son bien recibidos por una gran parte de su población.