La industria eléctrica china: éxitos y desafíos

El distrito de Pudong, en Shanghái, muestra el poderío económico chino. / KOGO
Imprimir: Imprimir como pdf
Compartir: Comparte por correo-e Comparte en Facebook Comparte en Twitter

El gigante asiático prepara la reforma de su modelo energético

Dawei Ding

En el país más poblado del mundo —1.350 millones de habitantes—, la industria eléctrica mira al futuro. Y los retos son grandes. Mientras algunos de sus ciudadanos no hace mucho que dijeron adiós a una vida sin luz, se multiplican los desafíos, como mantener una oferta suficiente para una economía que ya es la segunda del mundo o reducir el impacto ambiental de una generación dependiente en exceso del carbón. En China todas las cifras producen vértigo: desde el millón de megavatios de potencia instalada, a los casi 900.000 kilómetros de su red de transporte y distribución, pasando por los 76.000 millones de euros invertidos en el sector eléctrico solo en el 2010...

El sector eléctrico chino debe crecer con el avance de su economía. / STATE GRID

El sector eléctrico chino debe crecer con el avance de su economía. / STATE GRID

China es en la actualidad la segunda economía del mundo. Hace 32 años se aprobó la política de reforma y apertura, lo que ha ayudado a que el gigante asiático desbancase de ese segundo puesto a Japón, superando su producto interior bruto (PIB) en el 2010. Además, el PIB de China representa el 9,5% del total mundial. Un claro indicador del desarrollo económico y social de una nación es su consumo de electricidad, y el del país asiático ha vivido un notable crecimiento, con una tasa anual del 11% durante el último lustro. En el 2010, el consumo total de electricidad en China superó los 4,19 billones de kilovatios hora (kWh) y el consumo anual por habitante fue de unos 3.100 kWh.

Para satisfacer una demanda de energía cada vez mayor, el Gobierno chino ha venido realizando grandes inversiones. Solo en el año 2010, el capital destinado a la industria eléctrica fue de 705.100 millones de yuanes (unos 76.000 millones de euros). De esta cifra, el 51,5% se destinó a la construcción y renovación de centrales eléctricas y el resto, a la red de transporte y distribución. Eso ha permitido al país conseguir una potencia instalada de generación de 962.190 MW. Además, China dispone ya desde finales del año pasado de una red eléctrica nacional de alta y media tensión con una longitud de más de 870.000 kilómetros, y otra de ultra-alta tensión de alrededor de 750 kV en plena construcción.

Líderes en transporte de ultra-alta tensión

China cuenta con tecnología propia y muy avanzada en materia de transporte eléctrico de ultra-alta tensión. El 16 de enero del 2009, el país construyó su primera línea de 1.000 kilovoltios (kV) de corriente alterna, la de Jindongnan-Nanyang-Jingmen, con una longitud total de 640 kilómetros, que recorre las provincias de Shanxi, Henan y Hubei, y cruza el río Amarillo. Por su parte, el 8 de julio del 2010, se puso en marcha con éxito el proyecto de 800 kV de corriente continua de Xiangjiaba a Shanghái, con 1.907 kilómetros. Se trata de la línea de corriente continua con la tensión más alta, de mayor longitud y mayor capacidad del mundo.

La red de ultra-alta tensión permite reducir las pérdidas de energía en transporte y mejora considerablemente tal capacidad. Según los datos proporcionados por State Grid, empresa homóloga de Red Eléctrica en China, un circuito de ultra-alta tensión de corriente continua puede transportar 6 millones de kilovatios de electricidad, que equivalen a cinco o seis veces la capacidad de un circuito de 500 kV. También tiene una enorme ventaja en cuanto a permitir un transporte más eficiente a mayor distancia.

China ha prestado una atención especial al desarrollo de la red de ultra-alta tensión en corriente continua, debido a que los centros de consumo se hallan muy alejados de los de producción. Las ventajas que ofrece esta tecnología de permitir alta potencia, largas distancias, menores pérdidas y estabilidad del sistema la convierten en una opción muy interesante para el país.

Con estos esfuerzos, el país ha alcanzado, en términos generales, un equilibrio entre oferta y demanda. La mayoría de la población china se ha liberado de la amarga escasez de electricidad que ha sufrido durante muchos años, a excepción de las áreas afectadas por un suministro limitado de carbón o por factores meteorológicos anormales.

Primacía del carbón. Sin embargo, la estructura de la producción de electricidad en el país presenta todavía problemas. El primero es el papel que juega el carbón entre las fuentes de energía. A finales del 2010, la potencia instalada de origen térmico suponía el 73,4% del total, y la mayoría estaba relacionada con el carbón. Frente a esto, la potencia instalada de energía hidráulica era solo del 22,2%. Este porcentaje es considerablemente bajo si se tienen en cuenta los abundantes recursos hídricos que existen en China.

A pesar de que el país cuenta con grandes reservas de carbón, la desventaja de la alta dependencia de la energía térmica es obvia, y está relacionada con factores ambientales y la contaminación en forma de SO2 y gases de efecto invernadero. En la actualidad, el 42,8% del SO2 producido en China procede de la industria eléctrica y en el caso de los gases de efecto invernadero, el porcentaje se eleva casi al 50%.

Los cables eléctricos cruzan las calles de Shanghái. / REE

Los cables eléctricos cruzan las calles de Shanghái. / REE

El papel que juega el carbón en el sistema eléctrico chino provoca, a su vez, otro problema. Las reservas de carbón de China se concentran, principalmente, en las provincias del norte y el noroeste. En esta zona, solo Shanxi, Mongolia interior, Shaanxi y Xinjiang cuentan ya con el 76% de la reserva nacional. Dado el elevado costo del transporte de las materias primas, una solución podría ser construir aquí las centrales térmicas. Sin embargo, como la economía regional de dichas provincias está relativamente atrasada, la demanda de energía es baja, si se compara con las provincias más pobladas y desarrolladas del este y sur del país. Por su parte, Pekín, Shanghái, Zhejiang, Jiangsu, Guangdong, etc., apenas albergan el 5% de las reservas de este mineral, aunque en ellas se consume gran cantidad de electricidad. Esto provoca que en estas regiones del este y el sur los habitantes estén habituados a un uso controlado y por turnos de la electricidad en las horas punta de consumo, especialmente en verano.

A falta de una red de transporte de electricidad entre regiones, que sería más eficiente, las centrales térmicas situadas en las zonas del este y del sur de China dependen del combustible transportado desde las provincias ricas en carbón. De nuevo un problema, ya que el transporte de este recurso energético ocupa más de la mitad de la capacidad del tráfico ferroviario, lo que genera gran presión en la circulación nacional.

Energías verdes. La solución pasa por desarrollar las energías alternativas y mejorar la red eléctrica entre las regiones. Para diversificar la estructura de las fuentes energéticas y proteger mejor el medioambiente China ha dedicado recientemente, al igual que otros muchos países, innumerables recursos para desarrollar las energías verdes o renovables. En los últimos cinco años, el porcentaje de la electricidad procedente de estas ha aumentado desde el 24,2% hasta el 26,7%, y entre ellas gana protagonismo la eólica.

La potencia instalada de energía eólica en China se ha duplicado en cinco años. A finales del 2009, era de 17.000 MW y estaba localizada en su mayor parte en el norte de China. Según el último plan de desarrollo energético de China —se vienen aplicando leyes y políticas para promover la industria de energía eólica—, el Gobierno chino prevé una inversión de 1,5 billones de yuanes (160.000 millones de euros) para “captar el viento”. De hecho, la apuesta de China por esta renovable es tan importante que el gigante asiático se ha convertido en el mayor productor del mundo de maquinaria destinada a esta fuente de electricidad. A finales del 2010, más de doscientas empresas chinas, entre aquellas que fabrican la maquinaria y las que producen componentes, se dedicaban a este mercado.

Según el XII Plan Quinquenal del Desarrollo Económico de China, el Gobierno espera que los generadores eólicos alcancen una potencia instalada de 100.000 MW para el 2015 y 180.000 MW para el 2020. Después del 2030 se espera alcanzar los 300.000 MW.

Otras apuestas del Gobierno son el desarrollo de la energía solar, la hidráulica y la nuclear. Estas fuentes de electricidad tienen un fuerte potencial para seguir creciendo en el futuro.

La línea de corriente continua de Xiangjiaba a Shanghái tiene 1.907 kilómetros. / REE

La línea de corriente continua de Xiangjiaba a Shanghái tiene 1.907 kilómetros. / REE

El Gobierno chino planea instalar la mayoría de las centrales de energía solar en las zonas más desarrolladas y en las zonas del noroeste, ya que son más propicias para este tipo de energía. Se estima que la potencia instalada llegará a 2.000 MW en el 2015 y alcanzará los 20.000 MW en el año 2020.

El potencial hidráulico y la energía nuclear. China posee abundantes recursos hídricos, cuya potencia teórica supone 6,08 billones de kWh. Debido a los factores técnicos y sociales del país, la explotación de ríos como el Jinsha, el Lancang o el Dadu es aún bastante baja. En un futuro cercano está previsto modificar esta situación y continuar con la explotación de los ríos Yangzi, Wujiang, Nanpan y Amarillo. Una vez se lleven adelante estos proyectos, la potencia instalada de electricidad hidráulica en China puede alcanzar los 284.000 MW en el 2015 y el porcentaje de explotación de esta energía llegaría al 71%. Y si se cumplen las previsiones, en el 2030 China habrá aprovechado casi todos sus recursos hídricos, excepto los de Tíbet.

El reciente accidente de la central nuclear de Fukushima (Japón) puede trastocar los planes de China para este tipo de energía. Estaba previsto dedicar una zona del este y centro a la energía nuclear, es decir, el epicentro industrial del país. Aquí se encuentran las provincias de Liaoning, Shandong, Jiangsu, Zhejiang, Fujian, Guangdong, Hunan y Hubei, entre otras. El objetivo es, precisamente, mejorar el suministro eléctrico de estas provincias y, para ello, en el 2015 la potencia instalada sería de hasta 42.000 MW. Después del accidente, el Consejo de Estado ha publicado un decreto que hace más estricta la aprobación de proyectos de energía nuclear. A pesar de las restricciones, los expertos aseguran que esta fuente de energía es muy importante para el país si se quiere reducir el consumo de carbón.

En la actualidad, China es el país que tiene mayor número de centrales hidroeléctricas y nucleares en construcción. Según el vicesecretario de la Asociación de la Industria de Electricidad de China, Ouyang Changyu, “a partir de este año, el país trabajará para bajar el porcentaje de electricidad producida por carbón, con una tasa de disminución del 4 o 5% cada año. Para ello, el XII Plan Quinquenal del Desarrollo Económico de China ha prestado la mayor atención a la industria hidroeléctrica”. Ouyang añade: “Con los pasos que se están dando en las energías verdes, China espera ahorrar 264 millones de toneladas de carbón, 655 millones de toneladas de emisiones de CO2, 5,65 millones de toneladas de emisiones de SO2 y 2,48 millones de toneladas de emisiones de óxidos de nitrógeno hasta el 2015”.

El tren Transrapid conecta la ciudad con el aeropuerto. / ALEX NEEDHAM

El tren Transrapid conecta la ciudad con el aeropuerto. / ALEX NEEDHAM

El reto del transporte. El mayor desafío para la industria eléctrica china es mejorar la red de transporte entre regiones, evitando que las materias primas tengan que recorrer largas distancias. Las principales fuentes de energía se concentran en el norte y el oeste, mientras que los centros principales de consumo se encuentran en el sur y el este. “Partiendo de este punto, en el plan oficial del Gobierno se ha propuesto claramente el proyecto del transporte de energía entre regiones y la incorporación al sistema eléctrico de las nuevas energías. La red de superalta tensión es la clave para lograr este objetivo”, dice Bai Jianhua, director del Instituto de Estudios de Proyectos y Estrategias Enérgicas. “Tiene una importancia especial para la energía eólica, porque el viento es inestable. Solo con la red de ultra-alta tensión la energía eólica puede formar parte de la red nacional y ser transportada a las zonas con mayor demanda”.

Esta red de ultra-alta tensión en el ámbito nacional ya se está construyendo. Según el XII Plan Quinquenal de Desarrollo Económico, dentro de cinco años se iniciará una red que una el norte, el este y el centro de China, dando forma a un sistema principal de transporte de “tres ejes verticales y tres horizontales”. A través de los verticales, es decir, los de dirección norte-sur, la electricidad generada en los grandes complejos productores de Mongolia interior y las provincias de Shanxi y Shaanxi llegará al norte central y al este del país. Mientras tanto, los ejes este-oeste llevarán la energía hidráulica del suroeste a las zonas más desarrolladas y con mayor demanda, como las metrópolis costeras. También existe un proyecto a más largo plazo, para el año 2020, en el que la red de ultra-alta tensión se extenderá al noreste y noroeste, otras dos regiones muy ricas en recursos naturales de China.

Redes inteligentes. Estas son dos palabras clave para el desarrollo de la industria eléctrica del país asiático. Este tipo de red, basada en una tecnología digital bidireccional, envía electricidad desde los proveedores a los consumidores según sus necesidades. De este modo, se mejora la eficiencia del transporte, se ahorra energía y se protege el medioambiente. Este modelo de gestión se ha convertido en un objetivo común de muchos países, también de España. En el caso de un país tan poblado y con un consumo tan grande como China, es esencial optar por este tipo de redes.

Desarrollo del sistema de transporte de electricidad en China. / STATE GRID

Desarrollo del sistema de transporte de electricidad en China. / STATE GRID

Actualmente, el gigante asiático cuenta con las tecnologías más avanzadas del sector. Hasta marzo del 2011, se han construido ocho subestaciones adaptadas a la red inteligente. En Pekín, Shanghái y Chongqin, las redes inteligentes son ya una realidad para algunos de sus habitantes, en concreto para veinticinco comunidades.

La industria eléctrica, primera industria de infraestructuras del país, siempre ha mantenido un vigoroso crecimiento. Sin embargo, aunque actualmente el suministro de electricidad puede satisfacer más o menos la demanda, si se tiene en cuenta que el consumo por persona todavía se encuentra en un nivel relativamente bajo, desarrollar su capacidad de producción será el principal objetivo. Al mismo tiempo, la industria eléctrica tiene que disminuir la dependencia del carbón y desarrollar las energías renovables. Hace más de treinta años, un ciudadano chino quería “tener una casa con teléfono y luz”. La mayoría de la población lo ha conseguido, pero todavía queda un largo camino por recorrer para la industria de electricidad de China.

Tíbet: recursos abundantes, electricidad escasa

El Tíbet, conocido como “el tercer polo del mundo” por su gran concentración de hielo, se encuentra al suroeste de China. Gracias a sus únicas condiciones geográficas y climáticas dispone de abundantes recursos de energía hidráulica, eólica y geotérmica. Sin embargo, debido al bajo nivel del desarrollo económico y social y a la falta de capacidad de producción energética, su pueblo sufre la escasez de suministro eléctrico. En el año 2009, el consumo por habitante era de 760 kWh, lo que equivale solo al 29% de la media nacional. En las zonas agrícolas y ganaderas remotas, esta cifra era aún más baja.

Mientras la economía regional se desarrolla vigorosamente desde los años noventa, la diferencia entre el suministro y la demanda de energía es cada vez mayor. A partir del año 2004, los generadores de emergencia han pasado a funcionar a diario y aunque se trata de reducir al mínimo el suministro industrial, la población no cuenta en su día a día con la garantía de tener electricidad en sus hogares.

Un grupo de tibetanos participa en el izado de un poste eléctrico. / CHINA FOTO PRESS

Un grupo de tibetanos participa en el izado de un poste eléctrico. / CHINA FOTO PRESS

En el caso del Tíbet, la principal fuente de energía es la hidráulica. Aquí se encuentran algunos de los ríos con mayor potencial para producir electricidad de toda China: el río Mekong (500.000 MW), el río Nu (más de 14.000 MW) y el río Lancang (6.360 MW). Según una estadística publicada en el 2005, el Tíbet dispone del 29% de las reservas de energía hidráulica de todo el país, pero hasta el año 2007 solo aprovechaba el 5% para convertirla en electricidad. Además, la mayoría de sus centrales eléctricas están situadas en ríos estacionales, por lo tanto, no pueden regular el suministro en función de las diferentes demandas porque no coincide el pico de consumo y el de suministro.

Para mejorar el aprovechamiento del potencial hidráulico del Tíbet, se han puesto en marcha varias centrales hidroeléctricas, entre ellas la de Zangmu y Xueka. Además, State Grid, empezó en el 2008 un proyecto para que la luz llegara a todas las familias tibetanas y hasta el 2010 la inversión realizada fue de 2.920 millones de yuanes (unos 315 millones de euros). Un proyecto que va cumpliendo su objetivo: el 92% de las familias tibetanas ya tiene luz en su propia casa.

Carbón y electricidad: precios encadenados

El carbón es la fuente principal de energía para el sector eléctrico chino, de manera que el coste de producción de las empresas productoras de electricidad está ligado al precio de este recurso. A lo largo de cuarenta años, entre los cincuenta y los ochenta, el precio del carbón y el de la electricidad estuvieron controlados por el Gobierno. En los años noventa, cuando se inició la reforma económica, se decidió abrir al mercado el negocio del carbón. Desde entonces, su precio ha subido considerablemente, mientras que el de la electricidad, todavía controlado por el Gobierno, no ha variado las tarifas en función de los precios de la materia prima en el mercado.

Parque de carbón de una central eléctrica. / CHINA FOTO PRESS

Parque de carbón de una central eléctrica. / CHINA FOTO PRESS

En el 2004 y para mejorar la situación financiera de los productores de electricidad, se aplicó una política que relacionaba el precio de la electricidad con el del carbón. Según esta política, si este último experimenta un cambio de más del 5% durante un periodo no inferior a seis meses, se debe modificar también el precio de la electricidad. Así, en el 2005 y el 2006, el Gobierno chino subió dos veces el precio de electricidad, en total cinco céntimos el kilovatio hora.

Sin embargo, desde el 2007, la economía china se ha enfrentado a una severa inflación. Dado que es un factor que tiene gran influencia en el IPC, el precio de la electricidad está bajo un control más estricto que nunca. El carbón se ha ido encareciendo y en el 2008 alcanzó unas cifras muy elevadas, pero hasta el 2009 no se modificó el precio de la electricidad, y además, moderadamente.

Según los datos publicados a finales del 2010, 236 de las 436 empresas chinas productoras de electricidad térmica tienen pérdidas, y 85 de ellas se encuentran al borde de la quiebra. Debido a la presión de la inflación, el Gobierno chino todavía no ha planificado una nueva modificación del precio de la electricidad.

“Esta política no es la solución para la industria eléctrica de China”, dice Wang Jun, director del Departamento de Energías Nuevas del Consejo Nacional de Energía. “Aprovechándose de esta política, las empresas solo piensan en presionar al Gobierno para que se suba el precio de la electricidad”, añade. Para Wang, la clave está en profundizar en la reforma orientada al mercado. Los productores eléctricos deben adoptar las tecnologías más avanzadas y contar con los equipos más eficientes con el objetivo de reducir el consumo de energía y bajar así el elevado coste del carbón. Al fin y al cabo, en el mercado solo sobreviven los más competitivos.

Dawei Ding es corresponsal en España del Diario del Pueblo.