El elixir de la productividad

La clave de la filosofía 'slow' radica en disfrutar de un presente prolongado y beneficiarse de una actitud pausada.
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La cultura ‘slow’ triunfa entre los ejecutivos

Montse Mateos

La prisa es el motor de todas las acciones, vivimos a la velocidad de la luz en la cultura del segundo y el término 24/7 —actividad permanente las veinticuatro horas siete días a la semana— define las fronteras temporales. Neutralizar los efectos nocivos de este ritmo acelerado es la esencia del movimiento slow, una cultura que sumerge al individuo en el disfrute de cada acción, en el pensamiento sosegado para acabar con el caos y, con una gestión adecuada de la energía, persigue convertir la utopía de la productividad en un hecho. La consigna es “festina lente”, o lo que es lo mismo: “apresúrate lentamente”.

Ignacio García de Leániz, Nekane Rodríguez, Jaime Bacás y Javier Cantera.

Ignacio García de Leániz, Nekane Rodríguez, Jaime Bacás y Javier Cantera.

No llega más pronto quien más corre: lo que importa es partir temprano”. Con esta frase da comienzo La liebre y la tortuga, una de las fábulas más universales de Jean de la Fontaine. En ella contaba cómo uno de los animales más lentos de la tierra gana la carrera a la liebre que, “teniendo tiempo de sobra para pacer, dormir y olfatear el viento, deja a la tortuga andar a paso de canónigo”. El reptil, con un ritmo sosegado, logró su objetivo. Ahí radica el significado de la filosofía slow: en saber ir con calma, sin detenerse, pero disfrutando de un presente prolongado, en sacar partido a los beneficios de una actitud pausada, razonada, compaginándolo con un estrés positivo.

Ser más productivos no es una cuestión de trabajar más, sino de hacerlo mejor. Luis Huete, académico con más de veintisiete años de experiencia como profesor en escuelas de negocio, habla de la mejora del retorno, porque sentirse bien en lo profesional y convertirse en una persona insatisfecha con la propia vida es un mal negocio. Aplicar la filosofía slow supone detenerse un momento, no consultar el correo electrónico a la vez que se intenta mantener una conversación, leer y reflexionar con detenimiento antes de tomar una decisión y no pensar en el futuro o en otra acción cuando aún se tiene entre manos una que no se ha finalizado.

Para explicar los beneficios de esta acción, Paco Muro, presidente de Otto Walter, menciona el “vísteme despacio, que tengo prisa” atribuido a Napoleón. “Es un claro símbolo de eficacia y equilibrio emocional, ambos imprescindibles en el ejercicio del liderazgo y la buena dirección. ¿Qué mejor manera de generar estrés positivo que saber lo que se hace y obtener buenos resultados? Es lo que se consigue actuando con calma”.

Algunos líderes de nuestro tiempo ya han demostrado los resultados. Los entrenadores de fútbol José Guardiola y Vicente del Bosque, y también el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, cumplen, según Javier Cantera, presidente de Grupo BLC, la regla del líder slow, ya que posee las tres ‘H’: “Humano porque se equivoca, no es perfecto y no lo quiere ser; crece sobre sus errores. Es humilde, sabe que no es el mejor pero identifica cuándo se hace bien. Y, por último, es honesto, posee la generosidad en decir la verdad. La mentira genera un control externo muy escaso”.

De la gastronomía al trabajo. El término slow —proviene del inglés slow down, que significa “bajar el ritmo”— lo acuña Carlo Petrini, crítico gastronómico que en 1986 crea el movimiento slow food como alternativa a la comida rápida e insalubre de hamburgueserías. Alicia E. Kaufmann, catedrática de Sociología de las Organizaciones de la Universidad de Alcalá y coach ejecutivo, explica que más tarde este movimiento se extiende a otras áreas de actividad. “Se sustituyó la máxima de Descartes ‘pienso, luego existo’ por la de ‘estoy conectado, funciono a la velocidad de la luz, luego existo’. Pero esta hipervelocidad inhibe la capacidad de pensar, de digerir emocionalmente los acontecimientos de la vida, de las experiencias que la misma nos ofrece y, por tanto, inhabilita la posibilidad de crecer”.