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¿Por qué no queremos a los políticos?

Ocupan el último lugar en el índice de confianza, según las encuestas
Joaquín Fernández
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Unos días después de la celebración de este coloquio, el Congreso de los Diputados y el Senado dieron a conocer las declaraciones de bienes de sus señorías, a las que la gente puede acceder a través de las páginas web correspondientes. La del Congreso se colapsó con 130.000 visitas en seis horas. ¿Desmesurado interés por la clase política? Si los futbolistas, los grandes empresarios o el famoseo hicieran lo mismo, sus webs quedarían hechas trizas (en la medida en que pueda hacerse trizas la realidad virtual), porque el morbo sería aún mayor.
Los asistentes al debate. / FERNANDO MORENO
La iniciativa trata de restaurar la credibilidad de una clase política baqueteada en los últimos años por la corrupción y por su comportamiento general en el poder o en la oposición. La vuelta al Gobierno de los socialistas, bajo la conmoción del 11-M, y la actual crisis económica son dos referentes fundamentales para entender parte de lo que pasa. Según el Barómetro Continuo de Confianza Ciudadana de Metroscopia del pasado 20 de julio, las respuestas a la pregunta “¿en quién confía usted?” sitúan a los políticos en el último lugar de una tabla que incluye 41 opciones. En una escala del 0 al 10, los políticos obtienen un 2,6 y los partidos políticos un 2,8. Los dos primeros puestos son para los científicos y los médicos, con idéntica puntuación (7,4). Va a ser que los españoles estamos más tranquilos con la salud que con la política.
“Estoy hasta los… de todos nosotros”. Precisa Antoni Gutiérrez-Rubí, experto en comunicación, que antes ya de la crisis las encuestas venían indicando “que la credibilidad de los partidos ha ido decreciendo, llevándose por delante buena parte de las instituciones democráticas e incluso al propio sistema. Lo que me parece relevante es que, en estos momentos de mayor demanda de política, los partidos y los políticos no despierten ninguna simpatía”.
No se puede decir que el fenómeno sea nuevo. El catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Deusto, Fernando García de Cortázar, parte del siglo XIX para contextualizar (ver recuadro) lo que ahora ocurre con un par de frases contundentes. Una pronunciada en catalán por el presidente de la Primera República, Estanislao Figueras: “Señores, ya no aguanto más; voy a serles franco: estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Y aquella otra, en las Cortes, de un enojadísimo Emilio Castelar: “Aquí, en España, todo el mundo prefiere su secta a su patria, todo el mundo. De ahí una guerra que yo he calificado muchas veces de animal, guerra que se declaran aquí unos partidos a otros, intolerantes todos, intransigentes todos”.
El desprestigio de la política es eso que los historiadores llaman “un punto de larga duración”, explica García de Cortázar, y a ello contribuyen los propios políticos cuando tratan con escaso respeto a quienes les precedieron, sobre todo en los cambios de etapa -como ahora-, algo que de manera preocupante se repite mucho en la historia de España. Recuerda el profesor la crisis del 98 y aquella llamada de Joaquín Costa al cirujano de hierro para advertir que “corremos el riesgo de pasar de la devaluación de los políticos a la crítica furibunda del sistema, creando un campo de cultivo favorable al extremismo”. Añade luego: “Hay dos momentos clave en la negación de la política: octubre de 1934, con la izquierda, y julio de 1936 (la guerra civil), con la derecha. Claro ejemplo del desprecio de la política es el discurso de José Antonio Primo de Rivera y Falange en el periodo 1934-1936”.
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