Las piedras del español

Los puntos del español que se nos resisten más al hablar y escribir

Los puntos del español que se nos resisten más al hablar y escribir

Federico Romero

Cada idioma tiene una serie de piedras con las que tropiezan una y otra vez sus hablantes; ciertos nudos en la textura de la lengua que les provocan dudas o perplejidad y que, cuando topan con ellos, hacen que se equivoquen con cierta frecuencia. Cuando nos referimos al español, ¿quién no ha dudado al acentuar determinadas palabras?, ¿quién no ha incurrido alguna vez en leísmo, loísmo o laísmo?, ¿y quién no ha metido la pata al recurrir a una preposición que no exigía el verbo utilizado? Estas y algunas más son las piedras de nuestro idioma.

Los revisores de estilo y los correctores de textos las conocen bien, porque constantemente se encuentran con el mismo manojo de problemas, los mismos que suscitan la mayoría de las preguntas a los servicios de consultoría lingüística, como, en nuestro idioma, el de la Real Academia Española (RAE) o la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA).

Fachada del edificio que alberga la Real Academia Española. / RAE

Fachada del edificio que alberga la Real Academia Española. / RAE

En español los enemigos a la hora de hablar y escribir no son muchos, quizá unas decenas, pero han criado fama de irreductibles. Aunque hay que distinguir entre las resistencias del propio castellano y las equivocaciones en su uso que provienen, más bien, del desconocimiento de ciertas reglas, quizá no muy acertadas, de los organismos normativos (la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española, en nuestro caso), como la que señala que no debe acentuarse gráficamente guion por más que la mayoría lo pronunciemos gui-ón. Si el lector comparte alguna de estas dudas, puede acudir a los enlaces que aparecen en el apartado Sin dudas.

Tropezones ortográficos. La ortografía de nuestro idioma no es muy complicada, en comparación con las de otras lenguas. Provocan algún lío las haches mudas, la ge y la jota, la be y la uve, la elle y la ye (o i griega), la ce, la ka y la cu, y la ce y la zeta, a las que se añade, en las zonas seseantes (es decir, en casi todas en las que se habla español), la ese. Resulta curioso que los diccionarios de dudas editados en España no dediquen apenas espacio a la confusión entre palabras como casa y caza o taza y tasa, que ocupa gran parte de los publicados en el resto del área hispanohablante.

— Las tildes. Tampoco la acentuación gráfica del español es, en general, ardua si se conocen las pocas reglas que la rigen. Lo malo son las excepciones. Para empezar, hay palabras que si llevan tilde significan una cosa, y si no, otra, como aun y aún, mas y más, si y sí, te y té, de y dé... (el problema ha desaparecido en los casos de solo/sólo y los pronombres demostrativos —éste, ésa, aquéllas...—: ya no se tildan nunca y no parece que ello provoque grandes confusiones).