Los secretos de la ‘caja negra’ del Mediterráneo

Praderas de 'posidonia' con algunos peces alrededor. / CENEAM-OAPN-MARM / ZOEA

La ‘Posidonia oceanica’ ha sido testigo de la contaminación de sus aguas durante milenios

Leonor Lozano

El Mediterráneo es hoy uno de los lugares más amenazados del planeta. Sin embargo, la contaminación de sus aguas no es un fenómeno nuevo: el archivo milenario que esconde la Posidonia oceanica, una planta acuática endémica de este mar, ha permitido descubrir concentraciones de metales pesados derivados de la intervención humana desde hace 2.800 años. El CSIC ha abierto las cajas negras de este ecosistema, uno de los más importantes del mare nóstrum.

Los sedimentos de Posidonia oceanica albergan un archivo histórico de la concentración de metales en el Mediterráneo. Para analizarlos, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) se ha centrado en el estudio de las praderas submarinas de la bahía de Portlligat, en Gerona, una zona en la que estos bosques acuáticos ocupan 94.315 metros cuadrados y cubren el 69% del fondo costero.

Un investigador analiza un cultivo de 'posidonia'. / EDUARDO INFANTES OANES

Un investigador analiza un cultivo de 'posidonia'. / EDUARDO INFANTES OANES

Los investigadores han analizado la presencia de hierro, manganeso, níquel, cromo, cobre, plomo, cadmio, zinc, aluminio y arsénico en los campos de esta fanerógama. A partir de los peciolos de la planta y de una cata de 475 centímetros de longitud, se han puesto bajo el microscopio casi cuatro milenios de historia.

Los resultados son contundentes: “Las causas antropogénicas son las principales en el incremento de la concentración de muchos metales durante los últimos 2.800 años”, asegura Óscar Serrano, científico del CSIC que ha participado en esta investigación y que trabaja en el Centro de Estudios Avanzados de Blanes, en Gerona.

Las conclusiones del estudio, publicadas en la revista Science of the Total Environment, describen un aumento inicial de la concentración de metales a principios del siglo VIII a. C. Posteriormente, unos trescientos años después, se percibe un incremento de las cantidades de zinc, plomo, cadmio, cobre, arsénico y hierro, como consecuencia del desarrollo de asentamientos humanos en las costas durante los periodos griego y romano.

En aquella época, en el litoral catalán, donde se centra el estudio del CSIC, se registró una gran actividad en las colonias de Emporion (Gerona) y Tarraco (Tarragona). Su costa rocosa y la existencia de numerosas bahías “constituían un refugio ideal para los navíos de la época”, relata Serrano. “Prueba de ello —continúa el investigador— son los pecios y restos (vasijas y ánforas) de las épocas fenicia, griega y romana que se encuentran enterrados y preservados en los sedimentos de posidonia”.

Pero el ritmo de acumulación de estos elementos en las aguas mediterráneas se aceleró aún más a partir de la revolución industrial. Algunas cifras son abrumadoras: en los últimos doscientos años, las concentraciones de arsénico, plomo, zinc y cadmio han registrado incrementos en un rango que va del 71% al 930%.

Un filtro contra la contaminación. La Posidonia oceanica ha demostrado actuar como un archivo histórico, como “un registro privilegiado para la reconstrucción del pasado en la costa”. Sin embargo, Serrano destaca también el papel que juega esta planta marina como filtro y sumidero de polución. “Sus praderas han actuado durante milenios como un filtro de contaminantes, absorbiendo metales pesados en sus tejidos, y como un sumidero biogeoquímico, acumulando grandes cantidades de estos elementos en los sedimentos”, añade el investigador.

Solo en la materia orgánica de la mata se acumulan anualmente en el mar Mediterráneo entre 0,3 y 0,6 toneladas de cadmio, de 13 a 25 toneladas de plomo, entre 26 y 53 toneladas de zinc y de 68 a 136 toneladas de arsénico.