¿Pero qué le estáis haciendo a ‘mis’ palabras?

Hace pocos años, sin embargo, lo que habría entendido es que lo tildaban de persona ‘de genio o carácter voluble e inconstante’, es decir, que lo llamaban veleta, alguien del que no puede uno confiar que persista en sus opiniones o decisiones. El nuevo sentido de versátil se lo debemos también en esta ocasión al inglés, idioma en el que versatile significa ‘de talentos variados’, ‘con muchas facetas’, ‘ágil’, ‘flexible’... La Academia ha acabado por recoger esta nueva acepción del adjetivo.

Pírrico. Pirro fue un rey de Epiro, en la Magna Grecia, que luchó contra los romanos en el siglo III antes de Cristo y los derrotó en varias batallas, pero a costa de tantas pérdidas que cuentan que exclamó: “¡Otra victoria como esta y estoy vencido!”. Desde entonces se ha denominado victoria pírrica a aquella que resulta más costosa para el triunfador que para su adversario, con lo que prácticamente equivale a una derrota. Sin embargo, a alguien que no debía de estar al corriente de lo que quiere decir victoria pírrica pero le gustaba cómo sonaba la expresión se le debió ocurrir aplicárselo a lo que comúnmente llamamos victoria por la mínima o por los pelos. El invento cuajó y se extendió por los ámbitos político y deportivo, por lo que hoy no es raro oír frases como “Victoria pírrica del Atlético de Madrid gracias a un gol de Salvio a última hora”.

Bizarro. He aquí otro término que se ha desvalorizado de manera radical en los últimos años. Bizarro ha significado tradicionalmente en español ‘valiente’, ‘animoso’, ‘gallardo’, ‘generoso’, ‘lucido’, ‘espléndido’. Pero comoquiera que bizarre significa en francés y en inglés ‘raro’, ‘extravagante’, ‘estrambótico’, el calco estaba cantado, y a estas alturas del partido lo raro no es que alguien diga “Ese es un friki, un tipo bizarro”, sino que haya quien recuerde los sentidos elogiosos que tuvo la palabra y que son, por cierto, los únicos que siguen apareciendo en el DRAE.

Muchas palabras han cambiado de significado por la influencia del inglés. / FUNDÉU

Muchas palabras han cambiado de significado por la influencia del inglés. / FUNDÉU

Evento. Se trata de una palabra cuyo significado ha dado un giro de 180 grados en muy poco tiempo. Tradicionalmente, evento se empleaba para referirse a un ‘acontecimiento’, una ‘eventualidad’, un ‘hecho imprevisto o que puede acaecer’... o no, como un accidente o un terremoto. Por ese toque de imprevisibilidad que comportaba, a nadie se le ocurría utilizarlo para aludir a un acto programado, como un partido de fútbol, un congreso o las rebajas de enero. Pero el término inglés event tiene, además de esos sentidos, los de ‘prueba deportiva’, ‘acto’ o ‘número’ de un espectáculo. Así fue como a finales del siglo pasado se empezó a utilizar evento con el sentido de ‘acto programado’, es decir, exactamente lo contrario: “El próximo viernes tendrá lugar un evento largamente esperado: el estreno de la última película de Woody Allen”.

Lo curioso en este caso es que, mientras que al significado de evento se le ha dado la vuelta como a un calcetín, otras palabras emparentadas con ella, como eventual y eventualidad, mantienen sus sentidos originales —‘sujeto a cualquier contingencia’ y ‘hecho o circunstancia de realización incierta o conjetural’—, con lo que la confusión está servida.

Sofisticado. Si bizarro cambió su sentido positivo por otro que no lo es tanto, sofisticado recorrió el camino contrario. Procedente del verbo sofisticar, que quiere decir ‘falsificar o corromper algo’, se usó durante largo tiempo para aludir a lo ‘falto de naturalidad’ o ‘afectadamente refinado’. A finales del siglo XX, sin embargo, la Academia recogió una nueva acepción en la que se aprecia el influjo del inglés, ‘complejo, complicado’ (referida a aparatos, técnicas o mecanismos), a la que en breve se unió otra: ‘elegante, refinado’. En pocos años, pues, sofisticado se sacudió de encima la connotación de poco natural y afectado para convertirse prácticamente en un piropo.

Deleznable. Este adjetivo comenzó empleándose para referirse, como recoge el DRAE, a lo ‘que se desliza o resbala con mucha facilidad’, y a partir del siglo XIX se usó también con los sentidos de ‘que se rompe o deshace fácilmente’ y ‘poco durable, inconsistente’. No es que se trate de cualidades muy positivas, pero el siguiente paso fue peor.