Federico Romero. / A. CALVO

Federico Romero

Preciso, sabio y discreto

Federico Romero, el autor de este artículo, murió el 19 de septiembre, poco después de haberlo entregado. Nacido en Madrid, en 1951, era traductor, corrector y editor de textos. Pero, sobre todo, era un hombre dotado de una selecta curiosidad y de un excepcional buen carácter. Pacífico y preciso, sabio y discreto, tenía los ojos hechos a la captura de las erratas y el carácter acomodado a la ironía sin espinas, a la agudeza amable, a la blanda terquedad de quienes saben que saben y no presumen nunca de saber.

Era el mayor de once hermanos, estudió Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid y siempre fue un hombre de su tiempo, aunque miraba con gusto al pasado. Eso no le impidió ser militante antifranquista y conocer por dentro las dependencias de la Seguridad del Estado en calidad de huésped involuntario. Pero no hablaba nunca de ello, porque nunca alardeaba de nada: ni, con Borges, de los libros leídos; ni, con Amundsen, de las caminatas; ni, con Robert Capa, de sus fotos. Y leyó, anduvo y fotografió mucho. De las fotos hay un archivo suyo en la red, llamado, no por casualidad, Textos Enlace externo, en el que lo que refleja es un espejo, porque en cada foto se ve a Federico Romero y a su ojo, agudo de inteligencia e ironía, tierno e implacable con el error y con la errata, siempre con humor y con perspicacia.

Tras una vida entera editando textos de todo tipo, pero muchos científicos y médicos, en la actualidad era revisor de Panace@; coordinador editorial del Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, el célebre BILE; consultor de la Fundación del Español Urgente (Fundéu) y corrector, editor, traductor y coordinador editorial de manera autónoma. Su trabajo, pues, consistía en hacer mejores los textos de otros.

En Entrelíneas, Federico Romero escribió seis artículos, el último en este mismo número. Todos ellos en torno a las palabras y los usos del lenguaje, incluidos los soportes, como los libros electrónicos. Infatigable buceador en enciclopedias y diccionarios, y conocedor de los entresijos del idioma —como bien acreditan sus reflexiones en esta colaboración sobre la deriva del significado de las palabras—, sus muchos amigos, otro de sus exitosos cultivos, no encuentran ahora palabras para mitigar el dolor y la ausencia.

Antonio Calvo Roy.