Empresas a la caza del ‘negavatio’

Las compañías de servicios energéticos desafían a la crisis ofreciendo lo que má

Las compañías de servicios energéticos desafían a la crisis ofreciendo lo que más se necesita: ahorro

Iñaki de las Heras

Los negavatios son los vatios ahorrados de consumo, y en España los hay por todos lados: en hospitales, hoteles, centros comerciales y, cada vez más, en comunidades de vecinos. Algunos dicen que son el mayor yacimiento energético del país, la unidad de medida de un nuevo modelo económico basado en el ahorro. Y ya hay quien se ha lanzado a por la oportunidad. Varios cientos de empresas de servicios energéticos se afanan a diario por encontrar negavatios que, uno detrás de otro, alcanzan hoy un valor de 950 millones de euros al año: todo un nicho de negocio y una forma de hacer la sociedad más sostenible.

Francisco preside la comunidad de vecinos de un edificio de apenas tres años de antigüedad en la localidad madrileña de Alcobendas. Aún no hay rastros de oxidación en las barandillas de entrada y los residentes ya han decidido acometer su primera reforma: un plan de eficiencia energética. Una empresa de servicios energéticos (ESE) ha remozado la instalación eléctrica para lograr el máximo ahorro, lo que se traducirá en la reducción de la factura.

La búsqueda de eficiencia energética en inmuebles, un nuevo sector de negocio en España. / 123RF

La búsqueda de eficiencia energética en inmuebles, un nuevo sector de negocio en España. / 123RF

“En el garaje hemos sustituido los fluorescentes de 36 vatios (W) por otros de 23 W y hemos reducido su número. Hay detectores de presencia en los portales y ledes de 5 W en vez de halógenos. También hemos bajado la potencia de luz contratada y cambiado de compañía suministradora”, repasa Francisco. Hay otras medidas in mente, como programadores de encendido en los ascensores y la eliminación de la energía reactiva, que cuesta 200 euros al mes. Los cambios son recientes y aún no se pueden hacer comparaciones en el recibo, pero a los vecinos ya no les resulta ajena la actividad de estas compañías que persiguen reducir el coste energético.

Las ESE han encontrado en las comunidades de vecinos uno de sus últimos segmentos de mercado. Estas empresas, a través de los administradores de fincas, presentan a las juntas de vecinos propuestas difíciles de rechazar. Estudian el caso, obtienen las autorizaciones, financian la obra, cambian los equipos, montan calderas, asumen el compromiso de compra de combustible, gestionan el servicio, se encargan del mantenimiento y emiten las facturas. Ninguna contrapartida, más bien todo lo contrario. El vecino nota que el recibo cuesta menos. Al principio no mucho menos, alrededor de un 10%, pero cuando las instalaciones se han amortizado el descuento puede multiplicarse y alcanzar el 60%. Y a los veinte años, las ESE traspasan a la comunidad la propiedad de los equipos.

Rápida expansión. Este ejemplo es solo uno de los muchos con los que se puede ilustrar la actividad de una ESE. Hoteles, hospitales, centros comerciales e incluso museos son algunos de sus ámbitos de trabajo. Las ESE ganaron carta de naturaleza hace poco más de tres años y ya han celebrado congresos multitudinarios en Madrid y Barcelona. Se hacen respetar en el sector energético. El Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) posee un censo particular en el que figuran más de 700 sociedades relacionadas con esta actividad. Un maremágnum de empresas pequeñas, a veces de menos de diez empleados, junto a grandes multinacionales que han decidido crear su área de servicios energéticos. Eso sí, sin oligopolios a la vista.

El estadounidense Amory B. Lovins, 'padre' del 'negavatio'. / HOLCIM FOUNDATION

El estadounidense Amory B. Lovins, 'padre' del 'negavatio'. / HOLCIM FOUNDATION

Cada una, a su modo, tapona las fugas de un sistema compulsivo en el gasto. Fabrican un raro producto llamado negavatio, que es como darle la vuelta al calcetín del consumo. El negavatio lo descubrió Amory B. Lovins, profesor de las universidades de Harvard y Oxford y presidente y director científico del Instituto de las Montañas Rocosas (Colorado, Estados Unidos), organismo dedicado a la eficiencia energética. Sería algo así como la unidad de medida de la energía ahorrada en un proceso. Es decir, hacer lo mismo por menos y luego ponerlo en valor.

Los negavatios de la comunidad de Francisco los cosecha Fernando Ayuso, de la empresa Aire Energy Save Solutions. A juicio de este experto, el alto precio de la electricidad es el principal motivo del interés de las colectividades por sus servicios, por delante de la conciencia ambiental de los vecinos, que, además, va en aumento.

Un mercado millonario. En su caza del negavatio, la empresa de Ayuso y sus competidoras podrían ruborizar a los responsables del modelo derrochador en el que ha vivido nuestro país durante los últimos lustros. Un estudio del Instituto para el Medioambiente y la Sostenibilidad (IES, en sus siglas en inglés), dependiente de la Unión Europea, calcula que en España las ESE tienen un mercado potencial de 1.400 millones de euros, que es una forma muy elegante de decir cuánto queda por mejorar.

Las auditorías de los técnicos encuentran 'negavatios' en los lugares más insospechados oculto oculto oculto

Las auditorías de los técnicos encuentran 'negavatios' en los lugares más insospechados.

El presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos (ANESE), Rafael Herrero, va más allá y asegura que, solo en edificación, el mercado tiene un potencial de 3.000 millones de facturación. El negocio aumentó un 7% en el 2012, después de haberlo hecho un 10% en el 2011, indica Herrero, que cita datos de la publicación económica de información sectorial Alimarket. “Pese al entorno económico actual, el sector de los servicios energéticos mantiene una tendencia creciente” y dispone, en el caso de España, de una capacidad “enorme”, afirma. Por lo pronto, la facturación anual del sector ya ronda los 950 millones.

El beneficio de las ESE está en el ahorro, algo nada desdeñable en un momento en el que el gasto eléctrico no hace más que subir. Es precisamente este encarecimiento el responsable de que, en algunas industrias, la electricidad se haya convertido en el principal coste, por encima del laboral, y de que muchas administraciones públicas, de por sí acuciadas por las deudas, tengan dificultades para mantener sus edificios. Con este panorama, los gestores energéticos surgen como respuesta natural a un cambio de orden. Su necesidad es tan evidente que no precisan de campañas publicitarias.

Las auditorías de sus técnicos encuentran negavatios por doquier y en los lugares más insospechados, ya sea un restaurante, unas cocheras de autobuses o una guardería. Los yacimientos son sorprendentes y, puestos uno detrás de otro, resultan muy alentadores en un país cuya dependencia energética exterior es del 80% y cuyo gasto en energía alcanzó el año pasado los 50.000 millones de euros.

El impulso de la crisis. “El potencial de crecimiento es inmenso”, afirma José León Arencibia, director de Desarrollo de Negocio de 9REN, otra empresa especializada en eficiencia energética. “No debemos caer en el error de centrarnos en un único ámbito. Bajo mi punto de vista, casi todos los sectores de consumo, tanto el industrial como el residencial o el de servicios, tienen un potencial muy grande para las ESE”, indica. Incluso la crisis está ofreciendo “oportunidades diferentes a las que existían en los mercados tradicionales”, añade.

Los nuevos yacimientos aparecen sin que se hayan agotado los anteriores. “Estamos en continua comunicación con el entorno y nos hemos convertido en expertos en captar las necesidades y las tendencias. Si la instalación de placas fotovoltaicas se detiene, rápidamente encontramos otro hueco. Cuando se cierra una puerta, se abren otras”, afirma.

El negocio de las ESE se hace aún más prometedor cuando se recurre a las cifras. El anterior Gobierno diseñó el Plan de Acción de Ahorro y Eficiencia Energética para el periodo 2011-2020, en el que llegaba a cuantificar en casi 300.000 empleos el potencial laboral de esta industriosa caza del negavatio y hablaba de unas inversiones anuales, solo en las áreas de edificación y mantenimiento, de 2.732 millones de euros.

La domótica facilita la eficiencia energética en el hogar. / SCHNEIDER ELECTRIC hola hola

La domótica facilita la eficiencia energética en el hogar. / SCHNEIDER ELECTRIC

Estos números tienen a su favor no solo su magnitud, sino también que no se evaporan con la crisis. Las ESE forman parte de otro modelo económico y eso hace que la situación actual les afecte menos e, incluso, que les sirva de estímulo al ejercer de incentivo para el ahorro. Ellas mismas se ven como una de las soluciones y en las antípodas de los negocios que provocaron el desastre, pero eso no es del todo suficiente para sobrevivir. Como otras muchas empresas, dependen de la financiación para desarrollar los proyectos, y esta circunstancia se hace especialmente dramática cuando el negocio actual tiende a convertirlas en propietarias de las instalaciones de ahorro. Eso requiere inversión y alguien que la financie, y ahí es donde encuentran más dificultades.

Pese a estos problemas, las empresas del sector tienen argumentos a su favor. Algunos expertos, como el presidente de la Fundación Renovables, Javier García Breva, ven muy claro el encaje de estas empresas en una necesaria reorientación hacia la eficiencia. “El actual modelo energético se basa en el consumo y, frente a este modelo, nosotros proponemos otro que tiene como sustento el ahorro. España necesita eficiencia porque esta va unida al crecimiento económico. Una España energéticamente más eficiente es una España más fuerte”, explica.

Pendientes de los gobiernos. Mientras se define el modelo, soplan vientos legislativos propicios desde Bruselas. El Parlamento Europeo y el Consejo de Ministros de Energía de la Unión Europea aprobaron en septiembre una directiva sobre eficiencia que supone un espaldarazo para el sector, al fijar objetivos concretos a la rehabilitación de edificios públicos y al ahorro de las comercializadoras de electricidad.

El presidente de la Asociación de Empresas de Eficiencia Energética (A3e), Manuel Sayagués, cree que la norma dará un nuevo impulso a las ESE, pero sabe que para ello es necesaria la buena disposición de las autoridades españolas. “La nueva directiva sobre eficiencia energética abre y fortalece líneas de negocio para el sector de las ESE y de la eficiencia energética en general”, apunta antes de citar la rehabilitación energética de edificios, las auditorías, la cogeneración o las redes urbanas de calor y frío como algunos de los ámbitos de mejora. “No obstante, su eficacia como motor del sector depende de cómo se trasponga al marco legislativo español, un proceso que ya ha limitado significativamente el alcance de directivas anteriores”, advierte.

Rafael Herrero, presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos. / ANESE

Rafael Herrero, presidente de la Asociación Nacional de Empresas de Servicios Energéticos. / ANESE

Bruselas quiere un 20% de ahorro en el 2020 y emplaza a los estados a lanzar estrategias y planes nacionales, así como a crear un fondo para la eficiencia que puede resolver el problema de la financiación. Para el sector, el despegue puede ser imparable si se cumplen las directivas y las administraciones públicas dan ejemplo y apuestan por la eficiencia. Las ESE, auguran, serán capaces de desafiar todas las convenciones: crecer en plena crisis, dar beneficio al cliente sin coste alguno y ganar con el ahorro. El presidente de ANESE, Rafael Herrero, lo tiene claro: “La eficiencia energética es la única energía barata que queda y las empresas de servicios energéticos deben convertirse en los actores principales de un nuevo escenario”. Larga vida al negavatio.

El atolladero de la financiación

“El sector de la eficiencia es una realidad, pero le falta una vuelta de tuerca para alcanzar la madurez”, opina el vicepresidente del área de Soluciones de Schneider Electric en España, Manuel Moliner. Y esa vuelta de tuerca tiene que ver con la financiación. Las administraciones públicas, señala el experto, impulsan un modelo de negocio en el que las empresas de servicios energéticos (ESE) son propietarias de las instalaciones y recuperan la inversión gradualmente a través de los ahorros. “La aplicación a gran escala de ese modelo es inasumible para las ESE, ya que impone unas necesidades de capitalización imposibles de solventar”, lamenta. Por eso, Moliner propone otro modelo en el que las ESE definan y ejecuten los proyectos comprometiéndose con los resultados, mientras que los usuarios finales o la banca, a través de un renting o leasing, se hagan propietarios de las instalaciones.

Los hoteles aprenden a consumir

Fachada del Hotel de las Letras, en Madrid. / HOTEL DE LAS LETRAS

Fachada del Hotel de las Letras, en Madrid. / HOTEL DE LAS LETRAS

Las comunidades de vecinos son un nicho en auge para las empresas de servicios energéticos (ESE), pero no el único. El sector hotelero también busca sus negavatios. El Hotel de las Letras, en plena Gran Vía madrileña, pugna por lograr las certificaciones más avanzadas en gestión energética y forma parte de un amplio catálogo de instalaciones sostenibles realizado por el Instituto Tecnológico Hotelero. NH y Accor son algunas de las cadenas más activas y sus huéspedes pueden encontrar en sus establecimientos desde avanzados sistemas de climatización hasta ascensores que aprovechan su caída para generar electricidad, pasando por puntos de recarga del coche eléctrico.

Iñaki de las Heras es periodista de la agencia Europa Press.