Convivir con el entorno

El distrito de Vauban (Friburgo), modelo de los barrios sostenibles del Viejo Continente. / FWTM / SCHOENEN

Cada vez más de moda en Europa, los ecobarrios buscan recuperar el equilibrio medioambiental y minimizar la huella ecológica

María Pachón

En los últimos años, varias ciudades europeas han impulsado nuevos distritos basados en criterios de sostenibilidad, como el fomento del transporte en bicicleta, la reducción del consumo de energía o el aprovechamiento del agua de lluvia. Pero los ecobarrios van un paso más allá, pues estrechan la relación de la naturaleza con la ciudad y, sobre todo, entre las propias personas, siempre con el objetivo de restaurar un ecosistema alterado por el desarrollo de las grandes urbes.

"Los seres humanos también formamos parte del ecosistema”, apunta María Simón, profesora de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, para explicar la razón de ser de los barrios ecológicos. Por ello, la docente prefiere abstraerse de dar una definición técnica de estos entornos para, con un criterio práctico, explicarlos más bien por sus efectos, “que contribuyen a mejorar la salud humana y la biodiversidad”. En esa sentencia cabe todo: eficiencia energética, uso de energías renovables, introducción de la naturaleza en la ciudad, proliferación de huertos urbanos, transporte a pie o en bicicleta, reutilización del agua de lluvia, menor generación de residuos... Y así hasta un interminable etcétera.

Los ecobarrios estrechan la relación de la naturaleza con la ciudad y, sobre todo, entre las personas
Uno de los ejes verdes del ecobarrio de Kronsberg (Hanóver, Alemania). / LANDESHAUPTSTADT HANNOVER

Vista aérea del ecobarrio de Viikki (Helsinki, Finlandia). / AYUNTAMIENTO DE HELSINKI

Los ecobarrios estrechan la relación de la naturaleza con la ciudad y, sobre todo, entre las personas.

Los ejemplos, aunque limitados, son cada vez más numerosos: de Vauban en Friburgo y Kronsberg en Hanóver —ambos en Alemania— a Viikki en Helsinki (Finlandia), o a las colonias de San Francisco Javier y de Nuestra Señora de los Ángeles, situadas en el madrileño barrio de Vallecas. Las metas que persiguen estos proyectos son variadas. A veces se trata de un objetivo meramente ambiental, pero en otras ocasiones la eficiencia energética solo es una excusa para obtener una profunda transformación social.

Así lo entiende Energy Cities, una asociación que engloba varios ecobarrios para “desarrollar y promover iniciativas a través del intercambio de experiencias, la transferencia del saber hacer y la implementación de proyectos conjuntos”. Uno de sus asociados es el distrito de Vesterbro, en Copenhague (Dinamarca), que hasta su revitalización en 1990 era una zona con altos niveles de paro y donde muchos hogares carecían de baño y calefacción. Tras optimizar sus consumos de energía y mejorar los sistemas de transporte, las emisiones de CO2 cayeron a niveles mínimos y se ofrecieron oportunidades laborales a personas que hasta entonces no las habían tenido, sobre todo en el sector de la construcción. El barrio, finalmente, se acabó transformando en un área de moda que atrajo a restaurantes, tiendas y bares.

Por su parte, el barrio de Kronsberg nació en la década de los noventa con una misión muy definida: construir alojamientos para aliviar la presión demográfica que iba a suponer la Exposición Universal del año 2000. Estos 3.000 hogares, en los que hoy viven más de 7.000 personas, se encargaron a varias constructoras que, sin ayudas públicas, debían desarrollar una planificación urbana novedosa, ecológica y social. En la práctica, esto se tradujo en una línea de tranvía para enlazar el barrio con la ciudad, casas bien aisladas con un consumo energético extremadamente bajo o un sistema de calefacción centralizado y comunal para todo el barrio. A todo ello se sumó la exigencia, entonces revolucionaria, de minimizar la superficie impermeabilizada: en Kronsberg, prácticamente toda el agua de lluvia se filtra a la tierra o se retiene para soltarla poco a poco, reduciendo así el impacto sobre el ecosistema y evitando inundaciones. La experiencia de este ecobarrio ha sido tan exitosa que las autoridades de Hanóver han decidido transferirla al resto de la ciudad por medio de recomendaciones en materia de energía, suelo, conservación de la naturaleza, gestión del agua y uso de materiales de construcción.