Las alianzas del agua

EMANUELE RUSSO

Más de la mitad de la población mundial depende de recursos hídricos compartidos con otro país

José María Montero

Aunque resulte paradójico, con demasiada frecuencia prestamos poca atención a aquellos proyectos que buscan mejorar la disponibilidad y distribución de los recursos básicos para la vida. Sirva como ejemplo el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua, auspiciado por las Naciones Unidas, que acaba de concluir sin excesiva trascendencia pública ni política fuera de los círculos especializados en la materia. Y sin embargo, la iniciativa ha puesto de manifiesto los beneficios de la cooperación en torno a un elemento tan imprescindible como disputado.

L os escenarios hostiles y las dificultades compartidas son las que, a veces, nos invitan a trabajar de común acuerdo con el vecino. Y pocos recursos de los que están a disposición de todos los vecinos del planeta registran tantas tensiones y amenazas como el agua.

Alrededor de 800 millones de personas carecen de acceso al agua potable y cerca de 2.500 millones no cuentan con servicios de saneamiento adecuados. Todos los años las catástrofes y enfermedades ligadas a este elemento vital causan entre 6 y 8 millones de muertes. Y estas cifras, que revelan la magnitud del problema y el fracaso de los programas para neutralizarlo, seguirán creciendo de acuerdo a las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Fotografía de mujeres y niños subsaharianos llenando recipientes de agua en un pozo, por water.org.

En el África subsahariana, buena parte de la población solo puede abastecerse de agua potable en pozos públicos. / WATER.ORG

En los próximos 40 años, la población mundial aumentará en 2.000 o 3.000 millones de personas, de manera que habrá que incrementar la oferta de alimentos y también la producción de energía, y en ambos casos el agua será un factor decisivo. Su consumo no ha dejado de crecer, con tasas que incluso superan las de la explosión demográfica: entre 1990 y 1995, la demanda de agua en el mundo se multiplicó por siete, más del doble del crecimiento experimentado por la población. Y para complicar este negro panorama, la contaminación inutiliza cada año un volumen ingente de agua potable, al tiempo que las previsiones del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático anuncian importantes reducciones en los recursos hídricos disponibles en algunas zonas del globo, como el sur de Europa.

En los países ricos se viene haciendo un esfuerzo notable por racionalizar el uso del agua y optimizar su consumo, pero no es menos cierto que la presión que disminuye en esos territorios se traslada, de forma invisible, a otras regiones: cada habitante de América del Norte y Europa consume al menos tres metros cúbicos diarios de agua virtual, contenida en los alimentos que importa.

El agua virtual, que ya se contabiliza en balances como los de la huella ecológica, que tratan de medir el gasto de recursos naturales frente a la disponibilidad real de estos mismos recursos en un determinado lugar, pone de manifiesto una condición característica del líquido elemento, que es, a la vez, la que obliga a la cooperación: su distribución no sabe de límites políticos.

Agua sin fronteras. Más de la mitad de la población mundial depende a diario de unos recursos hídricos que son compartidos con otro país. El 46% del planeta está cubierto por cuencas fluviales transfronterizas que discurren por 145 países. Prácticamente todas las naciones del África subsahariana y Egipto forman parte, al menos, de una cuenca transfronteriza; y aún más llamativos resultan los casos de la Federación de Rusia, que comparte 30 cuencas con sus vecinos, y del río Danubio, que suma 19 estados ribereños, es decir, 19 gobiernos obligados a entenderse en el buen uso de este cauce.

Así, la combinación de tensiones, sumada a la inexistencia de fronteras, hace de la cooperación el único elemento capaz de evitar desequilibrios catastróficos ligados al aprovechamiento del agua.

Fotografía del río Nilo, por Radiowoood.

Las aguas del río Nilo bañan las tierras de 11 países. / RADIOWOOOD

A juicio de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, en sus siglas en inglés), el Año Internacional de la Cooperación en la Esfera del Agua ha puesto el acento en las ventajas de estas alianzas para aumentar la seguridad; mejorar la justicia social y la igualdad de género; frenar la pobreza, y estimular el crecimiento económico. Y todas estas virtudes se reflejan en ejemplos que materializan lo que podrían ser únicamente buenas intenciones.

La Iniciativa de la Cuenca del Nilo (1999) es una de estas alianzas en las que los beneficios se multiplican más allá de lo que tiene que ver estrictamente con la cuenca compartida, porque gracias a ella Egipto ha reforzado sus vínculos políticos y económicos con los países menos favorecidos del África subsahariana, ignorando los continuos desacuerdos que mantienen en otros ámbitos.