Brotes de salud

Más que un huerto

FUNDACIÓN JUAN XXIII

Caty Arévalo

Con mucho mimo y sin pesticidas. Así crecen los productos del huerto ecológico que cultivan las personas con discapacidad con las que trabaja la Fundación Juan XXIII junto al río Jarama, en el municipio madrileño de Rivas Vaciamadrid. Esta entidad promueve la horticultura como recurso terapéutico, ya que permite “realizar tareas que optimizan la integración”, explica Thais Valero, responsable de La Huerta de la Fundación.

El proyecto, además, trata de fomentar la educación ambiental y la alimentación sostenible. Y es que los siete horticultores que allí trabajan se encargan de preparar cestas de frutas y hortalizas que llegan, recién recolectadas, a un gran número de usuarios. Entre otros, a los trabajadores de Red Eléctrica de España, que ya no reciben flores por parte de la empresa cuando tienen descendencia, sino un apetitoso canasto repleto de viandas ecológicas. De hecho, esta compañía tiene previsto organizar un día sin colegio en La Huerta para que los hijos de sus empleados conozcan la iniciativa.

Fotografía de un trabajador en la parcela del Huerto de la Fundación, por Fundación Juan XXIII.
Fotografía de un trabajador en la parcela del Huerto de la Fundación, por Fundación Juan XXIII.

La Huerta de la Fundación Juan XXIII da trabajo a personas con discapacidad. / FUNDACIÓN JUAN XXIII

Allí, los más pequeños tendrán la oportunidad de conocer cómo se trabaja la tierra, qué es el cultivo ecológico o cuáles son las verduras y frutas de temporada, así como la importancia del consumo de este tipo de productos para una alimentación saludable. “Además, compartirán experiencias con los chicos de la fundación, aprenderán nuevos valores y disfrutarán del aire libre en un entorno seguro, sostenible e integrador”, señala Pilar Urdiola, responsable del servicio médico de Red Eléctrica.

Con este apoyo, el objetivo de Red Eléctrica no es otro que “impulsar la ocupación laboral y la integración social de las personas con discapacidad y, al mismo tiempo, acercar esta realidad a los empleados de la empresa, rompiendo las barreras sociales que habitualmente existen ante estos colectivos”, apunta Urdiola. La Fundación Juan XXIII valora esta colaboración “porque demuestra sensibilidad hacia los temas medioambientales y fomenta las ventas de su huerta, garantizando la estabilidad de los puestos de trabajo de personas que han encontrado un oficio que les gusta e ilusiona”, concluye Thais Valero.

La cooperación entre ambas entidades se remonta al 2009 e incluye el contrato de diferentes servicios con Ibergrupo, el órgano de empleo de la Fundación Juan XXIII, y aportaciones económicas que han permitido equipar algunas salas de su centro ocupacional y dotar un piso formativo para que los usuarios incrementen sus habilidades en la ejecución de tareas cotidianas.

Caty Arévalo es periodista de la agencia Efe y autora de la bitácora Verde y en Botella.