'¿Dónde está mi tribu?' . La maternidad como reto

Portada del libro '¿Dónde está mi tribu?', de Carolina del Olmo. Editorial Clave intelectual, Madrid, 2013, 232 páginas, 15 euros.

Jornadas de trabajo interminables, individualismo, estrés, recortes de salarios y de gastos sociales... Son muchos los factores que han convertido la crianza de un bebé en un auténtico reto y, a pesar de los avances en materia de derechos, las mujeres que optan por ser madres aún deben enfrentarse a una carrera de obstáculos. De ahí la abundancia de libros que abordan este asunto, una auténtica maraña entre la que, por su inteligencia y sentido común, sobresale este ensayo de Carolina del Olmo (Madrid, 1974) que lleva el elocuente subtítulo de Maternidad y crianza en una sociedad individualista. A lo largo de sus páginas, la autora, licenciada en Filosofía y directora de Cultura del Círculo de Bellas Artes de Madrid, rompe muchos de los prejuicios existentes en la materia y hace una original reflexión que parte del viejo proverbio africano que nos recuerda que “para criar a un niño hace falta toda la tribu”.

Del Olmo se asombra de la diversidad de enfoques existentes en nuestra cultura en cuanto a maternidad se refiere, así como de lo increíblemente categóricos y dogmáticos que son la mayoría de estos planteamientos. Dentro de la variedad de modelos, la escritora constata la existencia de un vaivén entre dos patrones básicos de cuidado infantil: el parent oriented, que pone el foco sobre los adultos, y el child oriented, centrado en los pequeños. Este último grupo de teorías defiende la inocencia y la bondad intrínsecas del niño, que sabe perfectamente lo que necesita y lo pide con los medios disponibles a su alcance; en este caso, la tarea de los padres sería la de amar, cuidar, acompañar y responder empáticamente a las necesidades de su vástago. Por otra parte, los textos adultocéntricos concebirían al bebé como un ser guiado por malos instintos al que los padres deben vigilar, atajar y reconducir.

Pero, ¿son estas todas las respuestas que podemos dar a un fenómeno tan complejo como la maternidad? No, pues, según Del Olmo, el cuidado del hijo se debe realizar en marcos mucho más propicios que la pequeña familia nuclear moderna, ampliando el círculo a familiares y amigos y a un contexto social adecuado —en definitiva, a la tribu—, para resolver un fenómeno al que atraviesan la economía, la política y la moral y que, al mismo tiempo, constituye el centro de nuestra estructura social.

El gran inconveniente al que se enfrentan hoy las nuevas madres es que, de forma permanente, se les recuerda la necesidad de conciliar la vida personal y la laboral, pero lo cierto es que la sociedad da la espalda a esta realidad. El mercado, subraya Del Olmo, ofrece posibilidades de realización personal y de liberación: se adoptan medidas proconciliación, se crean comités para luchar contra la discriminación profesional de las mujeres con cargas familiares y se aprueban leyes de dependencia. Pero, a su vez, se priman los criterios de rentabilidad en la gestión de escuelas y hospitales, se permiten las jornadas laborales más largas, se aumenta la edad de jubilación y se precarizan aún más las condiciones de existencia. “De poco sirven las políticas sectoriales que supuestamente apuntan a favorecer la conciliación, cuando se promulgan a la vez otras políticas más generales que la socavan día a día”, apunta la autora.

Adicionalmente, las respuestas a los interrogantes sobre cuál es la crianza ideal se han ampliado y externalizado en toda una legión de pedagogos, psicólogos, pediatras, neonatólogos y sociólogos que han hecho saltar por los aires las certezas heredadas y, a cambio, nos han dejado un tótum revolútum de teorías y contrateorías. ¿A qué carta quedarse? “La moraleja —indica la experta— es que nunca vamos a disponer de un manual científicamente diseñado para lograr una crianza satisfactoria. La crianza no es una ciencia, sino una práctica social”. Pero vivimos —concluye Del Olmo— una dinámica profundamente hostil y necesitamos una organización social en la que ser madre no implique salirse del mundo y en la que participar activamente en la vida común no signifique mutilar la experiencia maternal.

El asunto es que en Occidente nos hemos quedado sin ese clan que, hasta no hace tanto tiempo, apoyaba la crianza: las mujeres de la familia, los hermanos mayores, incluso las vecinas. ¿Cómo está sustituyendo la familia nuclear esa red de apoyo? Del Olmo repasa las distintas estrategias comúnmente adoptadas, desde la ayuda pagada —pero precaria— a la colaboración de los abuelos, y se pregunta si otras formas de cooperación y de organización son posibles. En definitiva, si otra forma de tribu es posible.

R. Romeral.