El legado del samurái

ESTUDIO MARISCAL Y SHINTO TSUSHIN CO. LTD. / JPELLGEN
Escucha la música oficial del Año Dual España-Japón. / MINE KAWAKAMI

Un amplio programa de actos conmemora el cuarto centenario de la llegada de la primera misión diplomática japonesa a nuestro país

Yolanda Guerrero

Cuatro siglos atrás, el galeón San Jusephe atracaba en España con una comitiva de comerciantes y marinos japoneses en busca de nuevas vías comerciales, en lo que fue la primera delegación diplomática japonesa enviada a territorio español. A su frente estaba el samurái Hasekura Tsunenaga. Ahora, a caballo entre el 2013 y el 2014, ambos países recuerdan aquel primer encuentro con el Año Dual, doce meses repletos de actividades culturales, empresariales y de cooperación destinadas a rendir homenaje a ese episodio histórico y a sembrar un fértil futuro conjunto.

Fotografía de la réplica del galeón de la expedición, por Jenny López.

Mapa de las rutas marítimas de la Embajada Keicho, por REE.

Réplica del galeón San Juan Bautista, expuesta en Japón. / JENNY LÓPEZ

Hace más de 400 años, entre 1582 y 1586, una delegación japonesa conocida como Embajada Tensho viajó a Europa. Sus logros y fracasos aún forman parte de los misterios de la historia, que, sin embargo, sí da buena cuenta de una segunda expedición a España y a Roma acaecida años más tarde. Ocurrió en 1613, cuando Date Masamune, gobernador de Sendai, encargó una nueva travesía con el objetivo de solicitar a la Corona española y a la Santa Sede el establecimiento de relaciones comerciales con Nueva España —hoy México— y el envío de misioneros a Japón. Esta comitiva fue denominada Embajada Keicho y estaba dirigida por el samurái Hasekura Tsunenaga y el franciscano español Luis Sotelo. El cortejo llegó a nuestro país en octubre de 1614, después de atravesar en un año el Pacífico a bordo del galeón San Juan Bautista y el Atlántico en el San Jusephe, con escalas en Acapulco, Ciudad de México, Veracruz y La Habana. Su cometido no era fácil: el monarca más poderoso de aquel mundo, Felipe III, irritado porque Japón reprimía el cristianismo, no dio su visto bueno a las peticiones del samurái, a quien, eso sí, recibió cordialmente. Tan afectuosa fue la acogida que Hasekura pidió ser bautizado con el nombre cristiano de Felipe Francisco de Fachicura: y así se hizo, nada menos que en el monasterio de las Descalzas Reales, a unos metros de la madrileña Puerta del Sol, en presencia del rey y su familia. Posteriormente visitó al papa Pablo V en Roma y, tras su regreso a España, se estableció en Coria del Río (Sevilla) hasta 1617.

Retrato de Hasekura Tsunenaga rezando, por Sendai City Museum.
Retrato de Hasekura Tsunenaga rezando, por Sendai City Museum.

Hasekura Tsunenaga fue bautizado ante Felipe III. / SENDAI CITY MUSEUM

En ese año, Hasekura inició el regreso a su tierra —a la que llegó en 1620—, aunque varios de los treinta compatriotas que le acompañaban se quedaron, alumbrando así una estirpe de corianos que aún hoy hacen gala del apellido Japón. Pero, sobre todo, aquel viaje marcó el inicio de unas relaciones bilaterales que ahora se conmemoran en el Año Dual España-Japón, un amplio programa de celebraciones en ambos países que arrancó en junio del 2013 y concluirá el próximo julio. El evento presume hasta de mascota y música oficiales, obras del diseñador Javier Mariscal y de la pianista Mine Kawakami, respectivamente.

Los actos, encabezados por las embajadas y los ministerios de Asuntos Exteriores de las dos naciones, han cosechado “un éxito notable”, según Alejandro Rodríguez, coordinador de Arte y Cultura de la Fundación Japón en Madrid, el equivalente nipón al Instituto Cervantes. Y lo más importante es que, cuando el Año Dual termine, “muchos ciudadanos de uno y otro país habrán descubierto cosas nuevas que contribuirán a aumentar el conocimiento mutuo”, subraya Rodríguez.