Harley-Davidson, la leyenda continúa

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Escucha el clásico rugido de una Harley Softail Deluxe. / TENERIFE CHAPTER SECCIÓN CENTRO

Más de 100 años de éxito de una marca que sigue proyectando la libertad y la rebeldía como señas de identidad

Miriam Montero

Ha transcurrido más de un siglo desde la fabricación de la primera Harley-Davidson, una leyenda rodante que sigue siendo tan potente como el rugido de sus motores. El pasado año, el emblemático fabricante de motocicletas celebró 110 años de vida con unos resultados a prueba de crisis: según datos de la compañía, una de cada tres motos de gran cilindrada en el mundo ha salido de sus factorías. ¿El secreto del éxito? Una personalidad muy singular, alimentada por las experiencias de los propios usuarios. Como asegura la propia casa: “No es nuestra historia. Es la tuya”.

P ocas marcas tienen un aura tan especial como Harley-Davidson. Sus creaciones más destacadas, como el motor V-Twin, forman parte de una larga tradición y sus modelos se han convertido en verdaderos iconos rodantes. Y es que Harley va más allá de la chupa de cuero; es un estilo de vida forjado bajo el rugir de un motor que expulsa conceptos como inconformismo y aventura. En definitiva, una cultura que atrae a millones de fieles de los cinco continentes.

En opinión de Josep Grañó, director general de Harley-Davidson para España y Portugal, el motivo de esta pujanza responde más a sentimientos que a estrategias de marketing: “Harley es una marca aspiracional. Nuestro plan de negocio no consiste en vender motos, sino en realizar los sueños de nuestros clientes”.

Los números hablan de una firma privilegiada, capaz de gestionar la caída de las ventas en tiempos de recesión con mejores resultados que sus competidores. Así, el fabricante cerró el primer trimestre del 2014 con un beneficio neto equivalente a 192 millones de euros, frente a los 161,8 obtenidos en el mismo periodo del año anterior. Este crecimiento, del 18,6%, demuestra que el fenómeno Harley sigue más vivo que nunca.

Un vistazo al pasado. Como tantas historias de éxito vinculadas al sueño americano, el auténtico rugido motero made in USA también nació en un anodino patio trasero. Corría el año 1901 cuando tres veinteañeros de Milwaukee, William S. Harley y los hermanos Arthur y Walter Davidson, diseñaron un motor que podía ajustarse a una bicicleta. En 1903 fabricaron sus tres primeras motos, a las que bautizaron como Harley-Davidson. Bastaron cuatro años para que su pasión se convirtiera en un negocio redondo.

Fotografía de cuatro soldados probando una motocicleta producida por Harley-Davidson para el ejército de Estados Unidos, por Harley-Davidson.

Fotografía de un modelo de Harley preparado para la competición, por Harley-Davidson.

El desarrollo de Harley-Davidson ha estado muy ligado a las fuerzas armadas estadounidenses.

El desarrollo de la compañía ha estado muy ligado a las fuerzas armadas estadounidenses. En 1916, John Black Jack Pershing, oficial del Ejército que lideraba una expedición en el sur del país para acabar con las incursiones de Pancho Villa, solicitó un vehículo rápido y flexible para poder enfrentarse a los revolucionarios mexicanos. El militar recibió doce Harleys y quedó tan satisfecho que poco después, cuando ya había sido ascendido a general y lideraba a las tropas de su país durante la Primera Guerra Mundial, consiguió que la empresa se convirtiera en proveedora oficial del Ejército. Unas 17.000 motocicletas de la marca invadieron Europa y su popularidad quedó inmortalizada en la foto del cabo Roy Holtz, que entró en territorio alemán a lomos de su flamante montura.

El crac de 1929 asestó un duro golpe, pero Harley-Davidson logró sobrevivir. Su recuperación y posterior despegue estuvieron motivados por otro conflicto bélico: la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, los Jeep le arrebataron el protagonismo en Corea y las Harley se transformaron en el juguete preferido de los excombatientes. Pasados los tiempos de trincheras, la compañía reorientó el negocio desde una nueva perspectiva: convertir a los clientes en embajadores de la marca, propósito para el que el cine se convirtió en un gran aliado.