Historia de la Vía Láctea

ESO / H. H. HEYER

La sonda Gaia estudiará mil millones de estrellas de nuestra galaxia para conocer mejor su evolución

Ignacio F. Bayo y Andrea Jiménez

En las noches de verano, sin nubes ni luna que dificulten la visión, se distingue en el cielo una cinta luminosa que lo recorre de este a oeste. Se trata de la Vía Láctea, el camino blanquecino que guiaba durante la Edad Media a los peregrinos que querían venerar al apóstol Santiago. Galileo, con su primitivo telescopio, desveló en 1610 la naturaleza de esta galaxia, un denso conglomerado de más de 100.000 millones de estrellas entre las cuales se encuentra el Sol. La Agencia Espacial Europea acaba de lanzar la nave Gaia, que se encargará de estudiar un poco mejor este rincón del universo.

Cuando Zeus acercó a uno de sus hijos, nacido de una infidelidad, al pecho de su esposa Hera para convertirlo en inmortal, esta apartó ofendida a la criatura, salpicando el firmamento con su leche divina. La mitología griega trataba así de explicar la existencia de esa cinta blancuzca conocida como Vía Láctea, que traza una misteriosa estela sobre la bóveda celeste nocturna. Se trata de nuestra galaxia y su luz ya surcaba el cielo terrestre hace 4.500 millones de años, cuando la Tierra apenas era una recién nacida.

Fotografía del cuadro que representa el momento en que Zeus acerca al pecho de su esposa Hera a un hijo nacido de la infidelidad, explicnado así la existencia del nacimiento de la galaxia, por The National Gallery.

Imagen de una simulación de la Vía Láctea. / ESO

La Vía Láctea es una más entre los 100.000 millones de galaxias que pueblan el cosmos.

La Vía Láctea es una más entre los 100.000 millones de galaxias que pueblan el cosmos. Estos universos isla, como los imaginó y denominó el filósofo Immanuel Kant y cuya existencia demostró el astrónomo Edwin Hubble, son lejanos sistemas formados por gas y polvo interestelares, cuerpos errantes sin luz y miles de millones de estrellas —con sus correspondientes sistemas planetarios— que inundan el océano espacial.

Una gigantesca espiral. De acuerdo con las hipótesis más aceptadas, las galaxias se formaron unos 500 millones de años después del Big Bang. Tras aquella formidable explosión, la materia se distribuyó de manera heterogénea por el universo, formando arrugas con zonas más densas y otras menos congestionadas. La acción de la gravedad hizo que esas diferencias produjeran acumulaciones de materia, que dieron lugar a las primeras estrellas, las cuales se agruparon conformando galaxias como la nuestra, una de las de mayor tamaño gracias a sus 100.000 años luz de diámetro medio. O lo que es lo mismo: un trillón de kilómetros.

La Vía Láctea es un conjunto de tipo espiral donde el sistema solar no representa más que una mota entre varios miles de millones de estrellas. Los cuerpos celestes más jóvenes relucen y dibujan los brazos espirales en el plano galáctico, mientras que los rojos y viejos salpican de dorado en cúmulos globulares —agrupaciones de miles de astros ligados gravitacionalmente—, formando un halo que circunda la nebulosa.

Fotografía de la sonda espacial Gaia cerca de la Vía Láctea, por ESA, ATG Medialab, ESO y S. Bruner.
Ilustración de la sonda Gaia en el espacio, delante de nuestra galaxia, por ESA, ATG Medialab, ESO y S. Brunier.

El satélite Gaia cartografiará las estrellas de la Vía Láctea con una precisión inédita hasta la fecha. / ESA / ATG MEDIALAB / ESO / S. BRUNIER

Otro halo mayor e invisible de materia oscura, cuya naturaleza exótica está aún por descubrir, abraza por completo la galaxia. La existencia de ese gran cerco se deduce del influjo gravitatorio que ejerce sobre lejanos cúmulos globulares del halo interno y sobre otras galaxias enanas vecinas.

Gran parte del conocimiento de esta anatomía galáctica se la debemos al famoso telescopio espacial HubbleEnlace externo, abre en ventana nueva., que desde su puesta en marcha por la NASA, en abril de 1990, revolucionó la astronomía arrojando nuevas y ambiciosas perspectivas sobre la estructura y la dinámica del firmamento. Gracias a su equipamiento científico, con cámaras sensibles a las radiaciones infrarrojas, ultravioletas, X y gamma, el estudio de galaxias mejoró sustancialmente.

El Hubble analizó en profundidad una minúscula zona de su campo de visión y eso permitió determinar el número aproximado de constelaciones del universo. De la Vía Láctea obtuvo gran cantidad de datos sobre distancias, movimientos, masas, edades y composición química de muchas estrellas, pero los astrónomos necesitaban multiplicar de forma contundente estas cifras para poder contar su historia de principio a fin. “Ese es precisamente el objetivo de Gaia”, explica Jordi Torra, catedrático de Astronomía de la Universidad de Barcelona y responsable principal en España de una misión que, liderada por la Agencia Espacial Europea (ESA, en sus siglas en inglés), elaborará el mapa estelar más minucioso conocido hasta el momento. Los datos que se consigan permitirán estudiar con detalle la evolución histórica de la Vía Láctea y predecir, además, su posible destino.