Vinos con alma marina

CELLER HUGAS DE BATLLE

Un recorrido desde la viña hasta la copa marcado por la influencia del mar, la brisa y los vientos

Rodrigo García

Frescura, acidez, aromas atlánticos, recuerdos mediterráneos... Notas de cata que fluyen de forma espontánea al analizar vinos españoles procedentes de viñedos cercanos al mar y, por tanto, criados bajo el influjo de su brisa. Caldos con alma marina y estructura contorneada por el viento, nacidos de un equilibrio de fuerzas entre el terruño, la humedad, el contraste de temperaturas y la capacidad de adaptación de ciertas variedades de uva.

La preocupación de los viticultores por la meteorología no descansa ni un solo día. El trabajo de todo un año puede quedar destruido por un pedrisco inesperado, por la escasez de lluvias o por un exceso de sol. En el complejo mapa vinícola español hay zonas que, además, deben tener en cuenta otro condicionante: la cercanía del mar. Allí el paisaje de viñas parece mezclarse con la profundidad del horizonte marino. De sus vides, fortalecidas a golpes de viento y brisa húmeda, brotan racimos de los que nacerán vinos con una marcada personalidad.

¿Cómo se originan las brisas marinas? El físico José Miguel Viñas, experto en meteorología, detalla que “el régimen de brisas nace de la diferencia de temperatura que se produce cada día entre la tierra y el mar. Este último consigue atrapar el calor del sol sin apenas elevar su temperatura, algo que, por el contrario, no ocurre sobre tierra firme. La diferencia térmica provoca alteraciones en la presión atmosférica sobre ambas superficies, lo que desencadena la brisa”. Este fenómeno costero, argumenta Viñas, sigue el ciclo día-noche: “A lo largo de la mañana, el aire se calienta, se eleva y deja espacio para que entre un aire más fresco procedente del mar. Esa brisa va disminuyendo progresivamente hasta detenerse tras la puesta del sol”.

La acción de la brisa afecta a las áreas vinícolas, que se han visto obligadas a desarrollar técnicas de cultivo ad hoc para frenar los azotes del viento y a seleccionar variedades de uva más resistentes. El resultado final son unos vinos con carácter que parecen homenajear al viento y al mar. O en clave de mitología griega, Dionisos y Eolo unidos en una copa de refrescante elixir.

Viñedos del mar. Cristina Alcalá, experta sumiller y divulgadora del mundo del vino, resume algunas claves de la influencia de la brisa en los viñedos: “El microclima que genera la cercanía del mar tiene un papel decisivo sobre las vides: la humedad puede amortiguar ciertos climas muy severos; el reflejo del sol en el mar puede ayudar a la maduración de la uva por una doble exposición, y el viento puede repercutir positiva o negativamente en la salubridad de la planta y en su crecimiento”. Cada pequeña región tiene sus variedades de uva más apropiadas, las cuales se adaptan “no solo a la cercanía del mar y al viento, sino también al tipo de suelo”, recuerda Alcalá.

¿Qué regiones vinícolas están más expuestas a estos efectos? Carles Aymerich, primer sumiller de El Celler de Can Roca y mano derecha de Josep Roca, responsable de la bodega de este tres estrellas Michelin, traza un atractivo recorrido por los vinos del mar: “Es importante diferenciar dos influencias principales, la atlántica y la mediterránea, y recordar que estas zonas son también heterogéneas, es decir, que la influencia del mar y de sus vientos no se produce por igual en todo su territorio”.

Fotografía de botellas de vino chacolí, por C.R.D.O. Bizkaiko Txakolina.
Fotografía de botellas de vino chacolí, por C.R.D.O. Bizkaiko Txakolina.

Chacolís de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina. / C.R.D.O. BIZKAIKO TXAKOLINA

Aymerich lanza un aviso a navegantes: “A la hora de catar estos vinos hay aromas yodados y salinos que pueden dar pie a hablar de influencia marina, pero en ocasiones es el propio suelo el que origina estas notas, suelos con sedimentaciones de fósiles marinos como ocurre en las albarizas de El Marco de Jerez”. Y una pauta general: “La influencia marina se detecta con más facilidad en vinos ligeros, con poca expresión de fruta y elaborados en años no demasiado cálidos”.

Carácter atlántico. La frescura y la acidez son características que comparten el chacolí vasco y el albariño gallego. Ambas regiones han sido escenario del intenso trabajo de Ana Martín Onzain, asesora técnica vitivinícola y reconocida enóloga que ha logrado un gran prestigio por su trabajo en numerosas bodegas españolas, elaborando, entre otros, innovadores chacolís para la bodega ItsasmendiEnlace externo, abre en ventana nueva. (Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina) o albariños de calidad como Pazo PondalEnlace externo, abre en ventana nueva. (Denominación de Origen Rías Baixas).